sábado, 16 de agosto de 2008

Estado de desecho

En estas últimas semanas hemos vivido como la Justicia ha dejado de serlo para convertirse en cómplice de terroristas. Para muestra, un botón, o mejor tres.

Primero y posiblemente el más hiriente es el caso De Juana que tras 25 asesinatos y otra condena por enaltecimiento del terrorismo; ha cumplido la friolera de 21 años, es decir, ni 1 año por víctima.

La gracia es que ha salido tan rápido, entre otras cosas, por lo bueno que ha sido en prisión, ¡angelito! Uno de los títulos universitarios que posee, es el de enfermería expedido por la UPV que hace poco se demostró que no era válido porque aparecían asignaturas que ni existían, pero ahí está este asesino disfrutando de la vida y la libertad que le negó a otros.

También nada más salir apareció una carta en Gara, el periódico oficial de ETA, firmada por De Juana, para qué perder el tiempo en reírse de todos. Por esto se le puede volver a condenar, pero claro, como no aparece la carta manuscrita aquí estamos pasando el rato.

El segundo caso, es el de la etarra Beloki, que a los 47 años se le ha despertado el instinto maternal y quiere tener un churumbel. Para ello, le han dado la libertad, y así someterse a un tratamiento de fertilidad. La gracia, es que a esta pobre mujer le negarían el tratamiento en la sanidad pública y aunque se someta a él, no es necesario que le den la libertad, con algunas horas para someterse al tratamiento sería más que suficiente. Pero todo sea por una causa humanitaria, qué buenos somos, trocitos de pan, ¡vaya!

El tercer caso, se ha producido hace unos días en Guecho donde el hermano del jefe del grupo Vizcaya, Zigor Goikoetxea, amenazó a una concejal del PP, este etarra está en libertad provisional bajo fianza, por cáncer y fibromialgia, enfermedades que no le impiden gritar lindezas a concejales.

Como ya comenté en el blog Parlamento Joven el estado está dejando de lado sus funciones, que son: el cumplimiento de la ley, la defensa de la vida, de la libertad y la propiedad privada, poco más; el resto es puro intervencionismo.

Así tenemos casos como los enumerados anteriormente, porque la ley y la justicia se han convertido en una herramienta al servicio del legislador; pero, como ya sabemos desde hace siglos, nadie está por encima de la ley.

Soluciones hay, como la cadena perpetua, la cual el PP ha decidido no proponer porque resulta, según él, inconstitucional. El portavoz del CGPJ no opina lo mismo y aunque lo fuera ¿qué problema habría en reformar la constitución en un tema como éste? Ninguno, como sugiere Emilio Campmany.

El caso, es que no puede haber libertad para los enemigos de la libertad, una cadena perpetua con revisiones periódicas y por tanto reversible sería algo bastante sensato. Pero claro, para los enemigos de la Nación y sus aliados no conviene y para otros no procede. Tendremos que defendernos con lo poco que tengamos.