martes, 29 de junio de 2010

Platón, el gran traidor


Todos hemos estudiado Platón en el colegio/instituto. Además, es el primer gran autor que se estudia con relativa profundidad, viendo su sistema filosófico desde distintos puntos de vista. Es más, siempre vemos cómo supera a su maestro, Sócrates, dejando de lado de una vez por todas la mitología para explicar la realidad y los sucesos que le ocurrían a los humanos cada día.

Ahora bien, si esto es cierto, no es menos cierto, que Platón inicia una línea de pensamiento perversa y que por desgracia pervive hasta nuestros días, es la línea del idealismo, empezando por su mundo perfecto de las Ideas, más cercano a un Olimpo perfecto en el que como apuntó su gran discípulo Aristóteles, no hacía más que duplicar el problema, ya que sin explicar nada de este mundo se inventa otro.

Pero este no es ni mucho menos su principal problema ya que es una cuestión más bien metafísica, el gran problema del idealismo de Platón y de su desprecio por el mundo físico es primero su determinación del hombre. Con la teoría de los tres tipos de alma: concupiscible, irascible y racional, en la que cada individuo no podía salir de esa casta o clase en la que nace, esa es el alma que te ha "tocado".

Esto hace que por nacimiento, existan dos clases que solo sirven para obedecer y una bendecida por el Demiurgo destinada a gobernar porque ya se sabe, son los racionales y los que saben qué tienen que hacer los demás. Esto da lugar sin más explicación a un sistema cuanto menos aristocrático.

Sabemos que desde el punto de vista platónico, esta aristocracia es buena, pero ¿cómo lo sabemos? Sólo ellos lo sabrían ¿no? Pero ahí no queda la cosa, porque el colmo de este idealismo viene cuando no gobiernan los racionales, si no el Filósofo-Rey, es decir, un hombre bueno, sabio, que no se deja llevar por los placeres mundanos, inmune al infinito poder que detenta y que no ansía las posesiones materiales.

Platón, que además de otra cosa, seguro que era cabezón, intentó llevar este sistema político por definición despótico y totalitario a la práctica, concretamente en una isla llamada Siracusa, y por dos veces, casi le cuestan la vida.

Eso sirvió para que Platón medio se cayera del guindo y proclamara que mientras llega el Filósofo-Rey, habría que cumplir y respetar las leyes. Lo cual fue más un rendirse a los hechos que darse cuenta de su error.

Así que gracias a Platón y a todos los racionalistas que vinieron después soportamos a estos políticos iluminados que saben mejor que nosotros lo que debemos hacer y cómo debemos vivir y nosotros como el populacho platónico, tragando y trabajando para los iluminados por el gran Arquitecto.