domingo, 6 de marzo de 2011

Colaborando a punta de pistola

Recuerdo cuando estaba en primero de carrera que un profesor pedía siempre un voluntario obligatorio para salir a la pizarra y ayudar a hacer problemas, era algo gracioso ya que si no salía nadie él mismo elegía uno al azar, que seguía siendo "voluntario".

Digo esto porque es muy importante tener en cuenta saber si hacemos algo porque nosotros queremos, porque es nuestra voluntad y por tanto es un acto libre o si por el contrario otro individuo o agente externo nos obliga mediante la violencia o amenaza real de ella. Por ejemplo, en muchas series y películas aparece el típico matón del colegio al cual todos los demás le dan el dinero del almuerzo de una forma aparentemente voluntaria, lo cual no es así. Lo mismo que si vamos por la calle y alguien nos amenaza con una navaja para que le demos nuestra cartera, no creo que se pueda decir que es algo voluntario.

Bien, esto que parece tan claro, no lo ven así nuestros políticos cuando son ellos los que nos imponen a través de la fuerza su legislación. Por ejemplo, una consejera de la junta de Andalucía comentó que el propietario del asador rebelde de Marbella no aceptó el cierre voluntario de su negocio. Me parece gracioso hablar de cierre voluntario, ya que una notificación con un par de agentes de policía no me parece muy voluntario, ¿cómo se atreve esta señora a hablar de voluntariedad en este caso?

Pero hay más, el ya conocido límite de velocidad que entra en vigor a las 6 de la mañana, Rubalcaba comentaba que los ciudadanos colaborarán a que se cumpla. Sr Rubalcaba si paso los 110 km/h la multa más pequeña que me cae es de 100 € y la siguiente son 300 € y algún que otro punto menos en el carné de conducir. ¿De verdad estamos colaborando? A todo lo que diga el Estado vamos a "colaborar" salvo que exista otra opción legal o nos declaremos en rebeldía.

¿También podemos decir que colaboramos con un 18% cada vez que hacemos una compra? ¿Con algo más si te tomas una cerveza? ¿Con un 30% de nuestro sueldo, el que lo tenga? ¿Con un 51% en cada litro de gasolina? ¿Con un 80% si tienes el valor de comprar una cajetilla de cigarrillos?

Confucio decía que cuando las palabras pierden su significado, el pueblo pierde su libertad y Hayek dedicó un capítulo en su libro La fatal arrogancia a nuestro envenenado lenguaje. Desde entonces, ha seguido envenenándose hasta límites insospechados donde las prohibiciones son libertades, las cargas son derechos y la obligatoriedad de la legislación se convierte en voluntariedad y cooperación.

La cooperación sólo se puede realizar donde las partes cooperan libremente y ese trato no se produce entre el Estado y cada uno de los ciudadanos. Es una tarea ardua y muy tediosa, pero no podemos seguir usando este lenguaje, esta neolengua orwelliana, donde las palabras significan lo contrario de lo que aparentan.