sábado, 12 de noviembre de 2011

Límites de la democracia

Cuando se empezó a extender la democracia como sistema de elección para nuestros gobernantes se creía que éste sistema sería un límite para el poder. Entiendo poder como Estado, pasando de un monarca absoluto a un gobierno representativo.

Ahora bien, con el paso de los años más que limitar la democracia ha servido para aumentar sin medida el poder del mismo hasta límites insospechados. Si bien la forma de elección de representante tiene sus fallos según el sistema, la gran parte de veces se elige al gobernante que promete extender más dicho poder.

Ahora bien, hay que diferenciar entre la libertad de pensamiento y opinión con la libertad de voto. Un individuo puede tener ideas ecologistas incluso rozando planteamientos maltusianos para hacer más "sostenible" el planeta, o puede tener ideas comunistas que nieguen la libertad, propiedad e incluso la misma democracia. Es cierto que le podemos decir a un maltusiano que se suicide y nos deje tranquilos o a un comunista que se vaya a Cuba o que monte una comuna en su casa a ver qué tal le va. Pero al fin y al cabo no somos quienes para decirles que no puede tener esas ideas.

El problema viene cuando esa opinión se plasma en un voto, porque en el caso de salir elegido un político de esa tendencia no sólo aplica las ideas a quien quiere si no a quien no quiere, imponiéndolas a toda la población. Ya sé que muchos diréis, así es la democracia, manda la mayoría, etc. Bien, pero ¿el ético este sistema? ¿No deberíamos pasar de una dictadura democrática a una democracia limitada? Sé que esto es hablar del sexo de los ángeles si la sociedad no tiene esas ideas, pero habría que replantear los límites de la democracia ya que ésta no siempre significa un alto grado de libertad, si no que podemos ir perdiéndola poco a poco.

Por tanto, la democracia como tal es un sistema de elección para nuestro representantes que además se ha de ceñir a asuntos públicos, pero por eso mismo ha de estar limitada en ámbitos privados y respetar al máximo nuestra vida, propiedad y libertad. Hay que abogar por un Estado mínimo y no por una Estado absoluto, por muy democrático que sea.