lunes, 30 de abril de 2012

PP: políticos profesionales

Si hay algo que diferencian a los dos principales y únicos partidos con mayoría para gobernar, es que los integrantes del PP en altas esferas generalmente son gente preparada, con buenas carreras académicas y oposiciones duras. En cambio los dirigentes del PSOE, sobre todo la nueva hornada zapateril, son unos indigentes intelectuales, que a duras penas han acabado carreras mediocres o ni siquiera han las han acabado.

Con lo cual, sobre el papel uno elegiría a los políticos del PP, ya que no necesitan de la política para vivir, si no que son lo que clásicamente se ha entendido como servidores públicos. Pero aquí hay una pequeña falacia. Los dirigentes populares no dejan de ser funcionarios o trabajos que se acceden mediante oposición con sueldos asegurados gracias al Estado, con lo cual, ¿cómo van a reducir dicho Estado personas que viven de él? En general han vivido de un esfuerzo inicial y listo, no conocen la constante exigencia del sector público, ni la incertidumbre, ni la competencia.

El sector público llega a niveles de endogamia desorbitados, porque encima sólo ellos normalmente tienen el tiempo, los medios y los cotactos para dedicarse a la política de altos vuelos. También se puede comprobar en la medidas que están llevando a cabo que son simplemente recortes, no reformas estructurales, porque no quieren cambiar el modelo, no quieren reducir el Estado, no creen en lo que están haciendo, no tienen principios e ideas claros.

Resumiendo, aunque el PP tiene a políticos que conocen bien el Estado, no utilizan ese conocimiento para reducirlo paulatinamente y sin marcha atrás, más bien lo que intentan es adelgazar lo mínimo para no morir de sobrepeso pero seguir engullendo ingentes cantidades de riqueza producida de la única forma ética, el mercado, los contratos y los intercambios voluntarios.

PD: Si alguien del PP no cumple las condiciones anteriormente expuestas que no se sienta aludido, seguro que no será un ministro o miembro de la ejecutiva nacional del mismo.


jueves, 19 de abril de 2012

La monarquía en la cuerda floja

No existe una institución en un Estado que no sea más personal que la monarquía, por su propia naturaleza. Además, es una institución cuya función y sostenimiento se basa poco más que en la tradición, a lo sumo, se puede argumentar que con la monarquía la jefatura del Estado es independiente de los vaivenes políticos.Pero esto no la hace imprescindible.

Hoy en día, el Rey es irresponsable no sólo legalmente, si no también moralmente. Al menos antes el reino era propiedad del monarca y eso implicaba cuidar de ella lo mejor que pudiera y/o supiera. Sin embargo y afortunadamente, España no es propiedad de Juan Carlos I y tampoco lo será de Felipe VI si llega a reinar. De modo que la monarquía sirve para sustentar la jefatura del Estado y como institución ejemplar moralmente, pero precisamente la familia real con el presunto chorizo de Urdangarín y las correrías de Juan Carlos pues no cumple ese papel.

Precisamente el único que se salva es el Príncipe de Asturias, que ya tiene edad suficiente y si de verdad el Rey ama a España y todas esas cosas que se dicen, al suceder el actual Príncipe, la familia real pasaría a ser él, Letizia y las infantas. Dando la última oportunidad para recuperar el prestigio perdido.

miércoles, 18 de abril de 2012

Autonomías: centralismo o federalismo

Parece que aunque tímidamente parece que se ha abierto el debate sobre las autonomías. La verdad es que, los políticos en general no están por la labor de hacer un cambio profundo de las mismas por tanto salvo parches, todo quedará en nada.

Ahora bien, si se quiere dar una solución real, se plantean principalmente dos alternativas. La primera sería la eliminación de las mismas. Esto aligeraría bastante el Estado, reduciría el número de funcionarios, políticos, cargos a dedo, liberaría recursos tanto humanos como materiales en forma de edificios, coches oficiales, etc. Principalmente en esa casta de burócratas y mandos intermedios. Es decir, los médicos y profesores no van a desaparecer, las competencias que ostentan las comunidades pasarían al estado central. Es más, no sería necesario aumentar los funcionarios del mismo ya que hasta hace unos años ya las tenían y después de la descentralización lejos de disminuir el número de funcionarios a aumentado. Además, esto es coherente con la constitución si ella exige igualdad de servicios públicos para todos los ciudadanos.

La centralización y eliminación de autonomías tiene la desventaja de que la mínima competencia legislativa y fiscal desaparecería, aunque siendo realistas, salvo en Madrid en pocas o ninguna se ha utilizado dicha capacidad para avanzar en medidas liberalizadoras y captadoras de personas y empresas generadoras de riqueza y bienestar real.

La segunda alternativa es el federalismo, ésta se vería con mejores ojos desde un punto de vista liberal, ya que descentraliza totalmente el poder y capacidad tanto de gasto pero también de recaudación de impuestos. Es decir, cada autonomía tendría la capacidad total de establecer los impuestos que quisieran para ofrecer los servicios que crean convenientes. Por tanto, acabaríamos con la famosa "solidaridad" territorial, que no es más que una redistribución forzosa entre autonomías.

Pero esta opción tiene un pequeño problema, y es que ¿veis a algún presidente haciéndose cargo de su deuda y competencias sin la teta del Estado central? ¿Qué haría el muy nacionalista Mas que después va pidiendo hispabonos? ¿Qué ocurriría si acabamos con el cupo vasco? ¿Cómo haría Griñán para continuar con sus mantenidos y sus PERes y su telaraña denunciada día tras día por Pedro de Tena?

De hecho creo que el federalismo sería la vía más rápida para volver a la centralización del Estado y encima sin las protestas de nacionalistas y despilfarradores, si no poniendo sus vergüenzas al desnudo. ¿Qué opináis vosotros?